“Este culto se habría originado tras la expulsión de los jesuitas de sus misiones con el retorno de los indígenas, sobre todo los de la tribu Guaraní, a su hábitat de la selva, a sus antiguas creencias con el proceso de catequización que quedo incompleto. |
El santoral jamás registró a San La Muerte, quién pierde sus orígenes en la cultura guaranítica, sin embargo su culto en el nordeste argentino (provincia de Corrientes, especialmente, y en menor proporción en las de Chaco, Misiones y Formosa) es vivo y permanente, no sólo en el campo, en donde quizás se explicaría con mayor facilidad como la devoción del hombre simple y sin una profunda formación religiosa y cultural, sino entre numerosos integrantes de las denominadas clases cultas de los centro urbanos. El culto es pagano y supersticioso y al parecer satisface las demandas de bienes materiales y espirituales. |
La creencia popular sostiene que hace mucho tiempo existía un rey que administraba justicia en forma ejemplar. Cuando murió, Dios lo llamó a su lado para que lo ayude en una difícil tarea. Le dijo que habiendo sido tan justo en sus actos en la Tierra, le encomendaría el cuidado de la vida y la muerte de los humanos. Lo condujo a un lugar del cielo donde le ofreció un trono. Alrededor del mismo se extendían hasta el infinito cantidad innumerables de velas, algunas recién encendidas y otras por apagarse. Dios le dijo que las que estaban por terminar de arder eran de los hombres que debían morir y que él debía bajar a la Tierra para recoger sus almas. Así, por orden divina, se convirtió en el ayudante de Dios para controlar la existencia de los hombres. Así nació San La Muerte, y por tal motivo es que sus devotos se encomiendan a él en la vida para que los proteja en la hora de la muerte”. |